El Teatro Nacional Cervantes cumple hoy 105 años desde su apertura oficial. Inaugurado en la Ciudad de Buenos Aires por la actriz española María Guerrero y su esposo, el actor y director Fernando Díaz de Mendoza, el espacio se mantiene como la única sala escénica que depende directamente del Estado nacional, funcionando históricamente como uno de los epicentros de la producción pública del país.
Un proyecto arquitectónico en el centro porteño
La construcción del monumental edificio, ubicado en la intersección de las calles Libertad y Córdoba, fue impulsada de manera privada por sus fundadores con el objetivo de dotar a la ciudad de un escenario de jerarquía. Su diseño, fuertemente inspirado en la arquitectura del renacimiento español, demandó la importación directa de materiales, azulejos, telones y butacas desde España.
Tras una crisis económica que obligó a los dueños a poner en subasta el inmueble, el gobierno nacional liderado por Marcelo T. de Alvear concretó la adquisición estatal en 1926, tras el reclamo de diversos sectores culturales, otorgándole al teatro su carácter público y patrimonial definitivo.
Eje de la producción pública y federal
Declarado Monumento Histórico Nacional en 1995, el Cervantes concentra su actividad en tres espacios de representación: la sala principal María Guerrero, la sala Orestes Caviglia y la sala Luisa Vehil. A través de estos escenarios, la institución desarrolla anualmente temporadas que abarcan desde el rescate de textos clásicos hasta la puesta en valor de la dramaturgia contemporánea.
Más allá de su actividad central en la sede porteña, las políticas culturales del organismo están orientadas a la coproducción y el fomento del circuito teatral en todo el territorio argentino, mediante programas de giras y convocatorias federales que buscan sostener la circulación artística entre las distintas provincias.
Como una forma de mantener un debate respetuoso, eliminaremos cuentas y mensajes agresivos u ofensivos. Revisá el reglamento aquí.