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El emotivo posteo de Mauricio Kartún en defensa del Instituto Nacional del Teatro

El director y dramaturgo compartió en su cuenta de Facebook un mensaje titulado "Romper un piano a hachazos", sobre el rol del INT en la cultura argentina.
El dramaturgo y director Mauricio Kartun publicó un escrito en el que cuestionó la intención gubernamental de eliminar el Instituto Nacional del Teatro y advirtió sobre el impacto negativo de esa medida. En su texto, aclaró que el organismo no se financia con impuestos directos de los ciudadanos, sino a través de fondos específicos provenientes del Enacom y de Lotería Nacional. Además, destacó que la entidad sostiene un circuito federal de más de mil salas independientes, impulsa la formación artística en las provincias y promueve la producción teatral con proyección internacional. Por último, Kartun alertó que la disolución de este sistema, consolidado a lo largo de veintiséis años, provocaría un daño cultural irreversible para el país.

En medio del debate por el futuro de los organismos culturales, un director y dramaturgo de la escena independiente compartió un escrito titulado “Romper un piano a hachazos”. A través del texto, difundido en sus redes sociales, el artista cuestiona frontalmente la intención gubernamental de eliminar el Instituto Nacional del Teatro (INT), desmintiendo que su presupuesto provenga de impuestos directos y advirtiendo que su disolución destruiría un ecosistema federal consolidado durante veintiséis años.

El texto completo del comunicado

¿Un acto loco? ¿Una perfo frívola? ¿Una pura maldad?

Cerrar el Instituto Nacional del Teatro sería romper un piano a hachazos. Destrozar caprichosamente un instrumento preciso que exigió en su armado un larguísimo tiempo y dedicación. Y veintiséis años de afinación paciente después para que produzca el prodigio actual: un circuito teatral único en el mundo, que funciona en círculo virtuoso.

Pocas cosas maravillan más que un ecosistema. Nuestra actividad teatral, reconocida en todo el mundo por su variedad y calidad es eso. Un sistema que se alimenta a sí mismo, una conexión redonda cuyo conector es precisamente el Instituto. Y que no exige partidas del presupuesto del estado para funcionar, sino que recurre a sus fuentes preestablecidas. No es cierto que se financie con tus impuestos, ni que esos fondos se sustraigan a necesidades sociales urgentes. Se solventa con un pequeño porcentaje de ingresos de ENACOM y otro de Lotería Nacional. Y luego, puesto a producir, reproduce a esos fondos de manera categórica.

Gracias al Instituto:

✓- Un circuito de un millar de salas y de infinidad de artistas independientes posibilitan al público argentino acceder a espectáculos de calidad, muchas veces internacional, a precios populares, notablemente menores a los del circuito tradicional. Tan solo la cifra de ese ahorro hipotético alcanzaría para compensar la inversión. El movimiento complementario: el turismo cultural, los espacios gastronómicos, etc. suman otro tanto. Sin el Instituto desaparecería la enorme mayoría de esos espacios y de esos montajes y el circuito se reduciría a las pocas salas comerciales, con localidades a un valor naturalmente mucho mayor. Y con una variedad estética muchísimo menor, claro.

✓- Gracias al INT miles de artistas encuentran en sus provincias de origen la formación necesaria y luego el apoyo para poder crear en su propio contexto y afincarse. Hacer arte local. La base de cualquier identidad cultural.

✓- Se editan libros de teoría, que llegan gratis a todo el territorio. Se publica y luego distribuye de manera gratuita también a autores de todo del país. La dramaturgia argentina ha crecido en las últimas décadas de manera exponencial.

✓- Se promueven giras y encuentros donde cada región difunde su creación y crece a su vez artísticamente en el intercambio de experiencias. Y se organizan concursos que estimulan a nueva producción.

✓- El país está representado de manera especialmente destacada en todos y cada uno de los festivales del mundo. Y sus hacedores contratados habitualmente para producir y enseñar afuera. Divisas que entran luego al territorio, fuentes de trabajo, y el nada menor capital cultural: un prestigio internacional que se reconoce y respeta.

Y todo esto con una infraestructura modesta y dinámica. Que crea mucho con muy poco.

El cierre del INT disolvería una experiencia y la volvería irrecuperable. Un piano es también su afinación, perfección intangible. Entregarían a una próxima gestión una bolsa de astillas y un frasquito de cola. Hacete un piano de nuevo, a ver…

Cerrar el INT sería un acto vano. Y dañino. Aquello de la banalidad del mal, de la que hablaba Hannah Arend: “Daño porque una ley me lo permite”. Un procedimiento burocrático ejecutado por funcionarios incapaces de pensar en las consecuencias éticas y morales de sus actos.

Un circuito cerrado también, esa banalidad, al fin y al cabo. Pero siniestro. Un sistema que gira de manera irremediable hacia la catástrofe.

Por ponerlo en términos teatrales: si no lo paramos, una tragedia.

Mauricio Kartún
Dramaturgo
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