Con la publicación de su autobiografía Conservate bueno (Editorial Planeta), el director, coreógrafo y docente Ricky Pashkus materializa en formato de libro las experiencias que definieron su extensa trayectoria en el circuito escénico nacional. En diálogo con Escenarios Nacionales, el creador repasa el proceso de escritura de un material que cruza su labor pedagógica con hitos de su carrera —como la dirección artística del G20 y la Copa América— y memorias personales que abarcan desde sus primeros vínculos familiares y la aceptación de su sexualidad hasta su trabajo con figuras como Julio Chávez, Enrique Pinti y Guillermo Francella. Lejos de la solemnidad y tomando como punto de partida una lectura personal del filósofo Baruch Spinoza, Pashkus aborda este nuevo texto como una oportunidad para analizar el éxito, el fracaso y el lugar que ocupa el quehacer teatral como motor de su constante necesidad de producción.
– ¿Cómo te tiene en sentimientos el lanzamiento de “Conservate bueno”?
– Me emociona mucho, me conmueve la salida de “Conservate bueno”. Gracias a la editorial Planeta y a todos los que colaboraron conmigo, hicieron que sea posible algo que para mi, más allá del refrán, “un hijo, un árbol y un libro”, y que yo no tenía ninguna de las tres cosas, ahora tengo un libro, que es como un hijo, y que espero que genere semillas en los demás. Es muy importante, porque yo soy muy de hablar. Depende de cómo lo quieras ver, charlatán, versero, charlero, y en las clases hablo, y lleno de metáforas; y muchas veces me dijeron por qué no escribía todo eso. Y haberlo podido hacer cala muy profundo en mi corazón. Porque no te voy a negar que genera una trascendencia que ningún otro medio de expresión que he conocido.

– ¿Con qué se va a encontrar el lector?
– En el libro se van a encontrar con anécdotas de mi vida, con historias compartidas con Cecilia Roth, con Julio Chávez, con Guillermo Francella, con Enrique Pinti, con presidentes del mundo por el G20, con deportistas del mundo por haber hecho la apertura de la Copa América, con el festejo de los 10 años de la democracia con Carlos Ménem en 1993, con mi hermano Tommy, con las relaciones con mis padres y la dificultad de aceptación en mi infancia referida a la homosexualidad, con una mirada sobre el trabajo pedagógico, y con una mirada en general sobre lo que implica para mi el éxito, el fracaso, la prueba y el error.

– ¿Cómo surge el nombre del libro?
– “Conservate bueno” viene de una frase, que a mi me generó mucho impacto, del famoso filósofo Baruch Spinoza, que habla de las potencias. A mi me hizo mucho impacto toda su lectura. Y yo lo pongo en mis palabras. “Conservate bueno”, lo que yo te voy a explicar está inspirado por Spinoza pero no es culpable de las estupideces que yo pudiese escribir. “Conservate bueno” no quiere decir “conservate buena onda”. Es casi un refrán para mi. Conservate bueno, potente, enriquecido, ansioso y ambicioso. Conservate creciendo y en expansión. Porque todo lo que no crece, decrece. Hacer la plancha no es posible. Esto no lo escribió Spinoza.
– ¿Qué significa el teatro para vos?
– El teatro significa un camino, un carril, una pasión, un esfuerzo; pero también significa en mi vida, y debo ser sincero, una pregunta. Qué va primero, la pasión o el teatro. Lo mío no es un fanatismo como en el fútbol. No está tan direccionado. Esa naturaleza que tengo, ansiosa, que tiene todo el tiempo hambre de hacer cosas. Yo podría haber sido piloto de avión, y lo hubiera sido real. O hubiese sido maestro de escuela, y me hubiese encantado también. Esto me gusta más. Pero la pasión estaba buscando su objeto. Qué significa, mirando para atrás, el teatro, un drenaje de la pasión.
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