En la Comarca Andina del Paralelo 42 el fuego ya no es una metáfora: arde.
Arde en los cerros, en los bosques, en las casas, en los cuerpos.
Arde también en la escena que no puede montarse, en el ensayo suspendido, en la función cancelada, en las voces que se apagan de tanto humo.
Aquí, donde el teatro nace del territorio, dónde el arte se hace con barro, madera, viento y memoria, los incendios intencionales no sólo arrasan con la naturaleza: arrasan con las condiciones mismas de la vida y, por supuesto, del trabajo cultural. No hay función posible cuando el humo no nos deja ver. No hay ensayo cuando el peligro avanza. No hay creación cuando la urgencia es sobrevivir. Hoy la escena comarcal es asistir, acompañar, cocinar, remendar y estar, estar para sostenernos. Porque crear, aquí, es un acto político. Hacer teatro en la Comarca Andina es una forma de resistencia.
Nos vemos, año tras año, obligados a realizar la misma tragedia cómo destino inevitable que ya deja de ser mito. El coro está ahí: brigadistas, bomberos y bomberas y un pueblo entero auto convocado que les aplaude de pie. Nuestro Prometeo, encadenado, entregó el fuego a los mortales como gesto de insurrección, como acto de amor y desobediencia. Hoy ese fuego, torcido y pervertido, es usado como arma. Y el silencio por parte de los Dioses también es violencia. Que el fuego vuelva a los mortales para ser usado
Artistas de esta comarca, también estamos encadenados.
Encadenados a la incertidumbre, a la precarización, al silencio impuesto por el miedo y la catástrofe. Encadenados a un sistema que mira el fuego pero no lo nombra, que administra la tragedia pero no la previene, que deja que el territorio arda mientras la cultura se vuelve un lujo prescindible.

Sin embargo, seguimos.
Porque el teatro —como el fuego verdadero— insiste.
Insiste en reunirse, en decir, en encender pensamiento donde quieren cenizas. El teatro aquí no es entretenimiento: es refugio, es ritual, es denuncia, es memoria viva del bosque que ya no está y del que todavía defendemos.
Cada obra que no se estrena es una pérdida colectiva.
Cada espacio cultural cerrado por el humo es un derecho vulnerado.
Cada artista obligado a callar o a migrar es una herida más en este territorio.
No hablamos sólo de árboles quemados.
Hablamos de modos de vida.
Hablamos de una cultura arraigada al paisaje, de una escena que nace del bosque, del río, de la montaña. Hablamos de una comunidad que crea mientras resiste.
Este texto no es una elegía.
Es una denuncia.
Es una advertencia.
Es un acto escénico sin escenario, escrito desde la urgencia.
Porque si el fuego fue robado a los dioses para fundar humanidad, no permitiremos que sea utilizado para destruirla.
Este manifiesto no es un cierre.
Es una promesa.
Grupo de Teatro Independiente CON MARCA ANDINA
@conmarcaandina.teatro
Artistas escénicos de la Comarca Andina del Paralelo 42° - Enero 2026